Los corales son colonias de pequeños animales
que viven en las claras y limpias aguas de los océanos en los trópicos.
Hay muchas clases de corales los cuales existen
en muchas distintas y bellas formaciones. Algunos
tienen esqueletos flexibles que ondulan con el fluir de las rítmicas olas del
mar, mientras otros construyen esqueletos duros como piedra.
Durante miles de años, colonias de
corales duros construyen las formaciones costeras conocidas como arrecifes,
lentamente depositando sus esqueletos calizos según van creciendo. Estas paredes costeras protegen nuestras costas de las amenazantes
marejadas de tormentas, y contribuyen a la formación de hermosas playas de
arenas blancas.
Como compañías de construcción
impulsadas por energía solar, los animales del coral cumplen con esta enorme
tarea de construcción de arrecifes en conjunto con algas unicelulares las
cuales viven dentro de los tejidos del coral. Con la luz solar, estas plantas microscópicas capturan y proveen a los
corales la energía necesaria para nutrir sus actividades de construcción de
arrecifes.
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Aguas
negras y corrientes pluviales agriculturales tratadas incorrectamente hacen daño al arrecife de
coral al sobrecargar de nutrientes este delicadamente balanceado sistema.
Aguas negras incorrectamente tratadas y descargadas a las aguas costeras
también presentan serios riesgos de salud para bañistas. En el Caribe, muchas
residencias y hoteles echan sus aguas usadas directamente al mar. Por razones
económicas, algunas naciones caribeñas dependen de tecnologías de tratamiento
obsoletas. En el Caribe, todos los días se descargan a la costa millones de
galones de agua inadecuadamente tratada y desperdicios industriales.
El
desarrollo desenfrenado y la indiscriminada deforestación exponen terrenos los cuales van a parar a
nuestras aguas costeras con cada lluvia. Diminutas
partículas de terreno, o "sedimento," flotan por largo tiempo, bloqueándole
la luz solar a los corales y a los prados de yerba marina que éstos necesitan
para sobrevivir. Este sedimento eventualmente se asienta, directamente sofocando
a los corales y la yerba marina.
Destrucción
directa de manglares rojos para desarrollos en las costas y para uso como vertederos para aguas
negras y otros desperdicios ha eliminado o modificado muchas de éstas
importantes áreas. Los manglares son criaderos cruciales y fuente de alimentos
para peces de arrecife, peces de mar abierto, crustáceos, y aves marinas.
También,
los manglares atrapan sedimento natural y así protegen a las yerbas marinas y
los arrecifes.
Contaminación
industrial del agua
amenaza a los arrecifes y envenena a peces y crustáceos. Muchos animales,
incluyendo seres humanos, sufren impactos negativos a sus sistemas de inmunidad
cuando expuestos a la contaminación química, haciéndolos más susceptibles a
infecciones y enfermedades. Microbiólogos han descubierto que las mezclas de químicos
echadas al mar pueden estar “alimentando” a los organismos microscópicos
causantes de enfermedades en animales y seres humanos.
La
sobre-pesca
está transformando arrecifes saludables en arrecifes cubiertos de alga. Algunos
métodos de pesca, incluyendo atrapar y el uso de productos químicos, dañan
directamente hábitat crítico necesario para asegurar el futuro de la pesca.
Científicos marinos han documentado que la pesca
submarina con arpón elimina selectivamente especies completas de la cadena
alimenticia, resultando en un desbalance que perjudica y eventualmente destruye
al arrecife. Una población balanceada de peces es esencial para mantener
arrecifes saludables.
Anclas
usadas descuidadamente
y maniobras de bombardeo militar
continúan destruyendo siglos de crecimiento de coral e importantes hábitats de
peces, en cuestión de segundos.
Nadadores
y buzos descuidados o de poca experiencia que visitan los arrecifes causan daño al pararse
sobre o al tocar los corales. Algunos arrancan pedazos de coral, o recogen
esponjas o conchas para llevar de souvenir, sin darse cuenta que son organismos
vivos. (Se dan cuenta después, cuando abren y huelen su maleta.) Corales y
otras criaturas del arrecife están protegidas por ley, y removerlas y traerlas
a Estados Unidos puede resultar en multas sustanciales.
Derrames
de petróleo
ofrecen dramáticos ejemplos de como, en cuestión de minutos, errores humanos y
falta de reglamentación pueden destruir ecosistemas completos. Aceite en corrientes
pluviales de carreteras y el deshecho incorrecto del aceite de motor
usado en ríos y océanos contaminan nuestras aguas costeras.
Conductores
irresponsables de botes de motor, con o sin propulsores externos
pueden herir o perturbar especies en peligro, tales como las tortugas marinas y
los manatíes que se alimentan en los poco profundos prados de yerba marina. En Puerto Rico y Florida, embarcaciones a alta
velocidad, incluyendo
aquellas sin propulsores externos, han causado choques mortales con manatíes.
También, embarcaciones navegando a alta velocidad por los manglares ahuyentan a
las aves de sus nidos, dejando sus huevos y crías expuestos al candente sol
tropical.
La
basura
es un problema creciente, tanto estético como ambiental, en las áreas que
seres humanos viven o visitan. Bolsos plásticos
y globos de hule flotando en el océano son confundidos por comida por las
tortugas marinas y delfines, con fatales consecuencias. Los porta-latas plásticos de
bebidas enredan y ahogan a las aves marinas, y las líneas y redes de pesca
desechadas descuidadamente
indiscriminadamente matan peces, aves, y otras criaturas marinas las cuales se
enredan en ellas. Inclusive la comida
dejada en las playas, aunque bio-degradable, puede atraer y sostener colonias de
hormigas bravas las cuales devoran crías de aves y tortugas.
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